Pues sí, para que engañarnos, nadie dijo que fuera fácil, nadie dijo que pudiera llegar al final del entendimiento.
Me guía la impulsividad, no me conformo con la palabra, ni con el hecho si este no viene de una mezcla entre ambas. También sé que me puede la incertidumbre aunque la paciencia ya no me quepa en el cajón que guardo con nuestros recuerdos. Recuerdos que no se borran, recuerdos que aparecen y que me hacen preguntarme por qué, cuándo y cómo. Dudo llegar a entenderlo, pero como voy a hacerlo cuando sé que ni tú lo sabes. O tal vez sí, que fácil parece a veces enamorarse y también que fácil fue correr un velo para protegernos del miedo, como los niños pequeños cuando giran su espalda en la noche contra la pared para protegerse del temido coco. Porque no nombrar al miedo cuando se ve claramente en tus ojos, cuando tu mirada cuida cada enfoque por si acaso te haces más daño del que podrías haberte hecho entregando un pedacito de ti. Tal vez tarde para haber asumido muchos riesgos, pero aprenderás a cogerme la mano con fuerza, a no escondarte bajo la manta la próxima vez que el miedo asome por tu piel.
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