jueves, 23 de febrero de 2012

Aquí siempre llueve.

Aquella tarde. Llovía. Recorríamos las calles de aquella ciudad, como cada día, como si fuese la primera vez que pisábamos sus calles pero también aprovechando cada paso como si fuese el último. Con las mismas ganas, la misma ilusión pero en el fondo también con menos esperanzas. Solo tú, la lluvia y yo fuimos testigos de aquellas palabras que salieron ese día por nuestras bocas. Las gotas arrastraron hacia al suelo nuestras lágrimas, grabando nuestra historia para siempre. Desde entonces, siempre que me acuerdo de ti, se pone a llover. Desde entonces, cada gota, es un recuerdo de aquel sueño que solo es de nosotros dos.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Detalles que pueden llegar a ser lo más grande.



Si le restas importancia a los pequeños detalles de la vida y no eres capaz de dejar el

miedo a un lado cuando hay que tratar las grandes cosas que te llenan, dime entonces,

¿qué te queda?

miércoles, 8 de febrero de 2012

me/te/nos



Demasiado tiempo ha pasado desde que nuestros ojos se volvieron imanes buscando la mirada del otro, intentando descifrar qué pensarán nuestras turbulentas cabezas. Un mal remedio para una mala enfermedad y es que ya hace tiempo que la cabeza fue quién cogió el timón y desbancó de su posición al corazón, sin permitir que este se ocupase de lo que le debería corresponder solamente a él.


Mientras, tuvimos que seguir cruzando fronteras en secreto, tragándonos las ganas de gritarnos nuestras vidas. Fronteras que incluyen otros labios y otras caricias pero que no sienten igual si no consiguen erizarte la piel. Que por momentos piensas que ya te has bajado del tren que lleva a este sin-sentido de historia. Y que por momentos entre la duda. Y que por momentos, también el corazón venció, y también se hizo con el mando. Todos tenemos fallos. Todos aquí los cometimos. Incluso la cabeza.

Y pasa el tiempo y tras tantos cafés fríos a media mañana, tras tantos parones de tiempo, tras tantas malditas señales que solo sirven para entrar más en el bucle de esta eterna duda, pienso, que tal vez nada haya cambiado cuando yo sigo viendo esos ojos de miedo desde la otra esquina del bar. Que engañarse ha sido la vía más fácil de escape. Un escape que empieza por "Miedo" y termina por "de quererte".

Nosotros mismos seremos quienes no se perdonarán nunca el jodido tiempo perdido. El vértigo del tiempo seguirá asomado y los dos caminos pidiendo a gritos su elección, si dejarse llevar o si seguir con aquello de mentir/me/te/nos.