Larga enfermedad.
Echas la vista atrás, sin mucha dificultad, pues aún retumban en tus oídos esas últimas palabras. Las mismas que terminaron lo que te enfermaba. Y que por un momento, hace que pienses en que al final nunca nadie lo logró a entender y que tampoco nadie lo llegará a comprender pues bien, como tú lo has sentido, nadie más lo podrá sentir, al igual que como tu quisiste, nunca jamás nadie querrá. Y alfinal de todo te das cuenta que, como tantas veces, es peor la cura, que la enfermedad.
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